De La Cantina, en El Berrón, al techo de Europa: el Mont Blanc

Georgina en la terraza de La Cantina

Georgina Lazar tiene 24 años y desde hace cuatro trabaja en La Cantina Café, uno de nuestros dos locales en El Berrón. Compagina el empleo con sus estudios de segundo de Filosofía, en Oviedo, y con un sinfín de hobbies y actividades. “Mucha gente me pregunta de dónde saco el tiempo para hacer todo lo que hago”, confiesa. A pesar de su juventud ya ha participado en el rodaje de la película ‘Todo el tiempo del mundo’ de José Antonio Quirós y en una serie de seis capítulos que lleva por título ‘Aquí el paraíso’ que previsiblemente se estrenará en la Televisión del Principado de Asturias (TPA) el próximo año. “Fue una gran experiencia”, cuenta Georgina quien hace tres años se aficionó a la montaña tras conocer a Dani, un cliente en La Cantina. “Nunca pensé que llegaría a subir al Mont Blanc pero cuando me surgió la oportunidad me apunté. Soy muy competitiva y me gustan los retos”.

La aventura tuvo lugar la primera semana de agosto. Prueba de la fuerza de Georgina es que apenas se entrenó para hollar la cumbre más alta de Europa. “Estaba trabajando a tope y no tenía tiempo”, recuerda. “Cuando llegamos allí había unas condiciones climatológicas bastante malas pero todo cambió a las 48 horas”, relata con una sonrisa de oreja a oreja repasando la experiencia. “Cogimos el tren cremallera en Chamonix, que te deja a mil metros, y de ahí empezamos a subir al primer refugio. Eso se me hizo muy fácil”, dice sorprendida porque esperaba sentir algo de cansancio y algún síntoma del mal de altura. Esa primera etapa fueron cuatro horas aproximadamente. “Cenamos en el refugio y nos quedamos hasta la una de la mañana descansando como podíamos porque estaba lleno y teníamos que dormir sobre una tabla”, lamenta al mismo tiempo que subraya que esa noche había una luna llena tremenda y disfrutó de un paisaje maravilloso.

“Hacía frío pero yo lo aguanto muy bien porque vengo de Rumanía y estoy acostumbrada. Además iba muy bien equipada”. A la una de la mañana, con un frontal como única luz de guía, empezaron de nuevo la subida. Asegura que en ningún momento pasó miedo porque realizó la ascensión con respeto y sumo cuidado. “A las cinco de la mañana llegamos al segundo refugio, a unos cuatro mil metros. Aquí ya se nota el cansancio y hay que ponerse los crampones y abrigarse más”.

Recuerda que los últimos quinientos metros se le hicieron eternos. “Me dio un poco de bajón de tensión. Me daba la sensación de que me dormía. Creo que gracias a la fuerza mental llegué a la arista que es la zona más complicada”.

Por fin lograron hacer cumbre y disfrutar durante aproximadamente media hora de las vistas que brinda la cima más alta de Europa. “El paisaje es espectacular pero no pudimos sacar fotos desde arriba porque nos quedamos sin batería en el móvil y no llevábamos cámara de fotos porque todo el peso cuenta”.

Ahora, sentada en la terraza de La Cantina Café, confiesa que ya tiene en mente el Kilimanjaro pero no sabe si es un sueño u otro reto. “Primero tengo conocer un poco mejor la montaña aunque creo que tarde o temprano me animaré”.

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